Al terminar el año habrá en España más de 44.000 personas nuevas con depresión resistente

Al terminar el año habrá en España más de 44.000 personas nuevas con depresión resistente

Al terminar el año habrá en España más de 44.000 personas nuevas con depresión resistente Docor Comunicación

Más de 300 millones de personas sufren depresión en el mundo y concretamente 175 padecen un Trastorno depresivo mayor, que es cuando los síntomas interfieren con la vida diaria durante un largo período de tiempo. En España la prevalencia de esta depresión es de un 4%. Aunque hay tratamientos conocidos y eficaces para tratar la depresión, al menos el 30 % de los pacientes tienen una respuesta insuficiente y no consiguen la recuperación. Es lo que denomina depresión resistente al tratamiento. En España se registran 44000 nuevos casos de este subtipo de depresión. La incidencia media es de 0,93 casos/100 personas.

La depresión se caracteriza por una tristeza profunda y una pérdida del interés; además de una amplia gama de síntomas emocionales, cognitivos, físicos y del comportamiento como irritabilidad, el llanto, el aislamiento social, la pérdida del interés y del placer de las actividades en la vida cotidiana.

Estos datos han sido presentados por la Dra. Arantza Madrazo, psiquiatra adjunta de la Unidad de Hospitalización de Psiquiatría del Hospital Universitario de Basurto (Bilbao) durante el XXVI Congreso Nacional de Psiquiatría que se celebra en Salamanca, organizado por la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM) y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM). En este foro la experta ha puesto de manifiesto la magnitud de la enfermedad y su impacto socioeconómico, así como los pasos que deben darse para su abordaje.

En primer lugar, ha explicado que la depresión “puede afectar a cualquiera”, aunque, según ha detallado, “es más frecuente en mujeres y quienes han vivido abusos, pérdidas graves u otros eventos estresantes tienen más probabilidades de sufrirla”. “Tiene un origen multicausal como pueden ser factores biológicos, psicológicos y sociales. El estrés crónico, por ejemplo, produce cambios en nuestro cerebro que pueden conducir a una depresión. Esto quedó patente durante la pandemia donde se produjo un aumento del 25% de los casos de depresión”, ha descrito.

De esta forma, la Dra. Madrazo ha subrayado que la depresión “puede tener causas biológicas que aún no conocemos bien y este puede ser el motivo por el que los antidepresivos no funcionen en todos los pacientes. La teoría aceptada hasta ahora era que se trataba de un nivel bajo de neurotransmisores en nuestro cerebro y todos los fármacos de los que disponíamos hasta ahora basaban su mecanismo de acción en dicha teoría”.

Impacto socieconómico

La especialista en Psiquiatría ha indicado que “la depresión tiene un enorme impacto socioeconómico. De hecho, es la primera causa de discapacidad en el mundo. Aumenta el riesgo de desarrollar otras enfermedades físicas y empeora las que ya se padecían”. “Esta depresión resistente tiene aún un mayor impacto económico; por gastos directos (aumento de hospitalizaciones y de recursos sanitarios), pero fundamentalmente por coste indirectos (mortalidad, asentismo laboral…). Estos costes ya se han calculado en nuestro país.  El Trastorno depresivo mayor supone un gasto de 4144 euros por paciente y aumenta a 6000 en el caso de la depresión resistente”, ha indicado.

Avances en tratamientos

En los últimos años se han realizado avances en cuanto a la causa de la depresión y se están investigando fármacos que tienen otros mecanismos de acción. “Este es el caso de la esketamina que ha sido el primer fármaco aprobado para el tratamiento de la depresión resistente, lo que supone una esperanza para esta población. Hay en marcha ensayos clínicos con otros fármacos así como investigación en biomarcadores para conocer modelos predictivos en este tipo de pacientes no respondedores”, ha desgranado la Dra. Madrazo.

Para terminar, la experta ha afirmado que “investigar en neurociencias es complicado por la propia complejidad de la enfermedad mental, pero resulta absolutamente imprescindible”. En esta línea ha denunciado que “la inversión sanitaria que se ha dedicado a la salud mental es insuficiente; sin embargo, el gasto que origina supone un 4% del PIB. Reclamamos más inversión”. “Vivimos un momento de falta de profesionales con largas listas de espera que retrasan la detección y el tratamiento de estos pacientes. Se deben que implementar programas protocolizados, efectivos, eficientes, basados en la evidencia científica y accesibles para todos los pacientes con trastornos afectivos graves y resistentes”, ha concluido.

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