El aumento de la demanda de atención en salud mental en niños y adolescentes apunta a un cambio de modelo asistencial

El aumento de la demanda de atención en salud mental en niños y adolescentes apunta a un cambio de modelo asistencial

El aumento de la demanda de atención en salud mental en niños y adolescentes apunta a un cambio de modelo asistencial Docor Comunicación

Salamanca ha acogido del 23 al 25 de noviembre en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Castilla y León la XXVI edición del Congreso Nacional de Psiquiatría, que cuenta con la recientemente aprobada especialidad de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia. Una especialidad creada por buenas razones: «Estamos constatando un empeoramiento progresivo de la salud mental de niños y adolescentes junto con aumento de la demanda de atención a todos los niveles (urgencias, hospitalización, pero también asistencia ambulatoria). Es especialmente relevante el aumento de tentativas suicidas y de suicidios consumados en esta población, aunque no hay que olvidar el aumento de casos de trastorno de conducta alimentaria o de trastornos afectivos». Este escenario es descrito por la Dra. Carmen Moreno, psiquiatra infanto-juvenil del Hospital General Universitario Gregorio Marañón (Madrid) e investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM) y del Instituto de Investigación Sanitaria del citado centro hospitalario.

De hecho, esta tendencia negativa en la incidencia y prevalencia de trastornos de salud mental en la población infanto-juvenil «se aceleró durante la pandemia, aunque era ya evidente desde antes». Por esos y otros motivos, la Estrategia de Salud Mental 2022-2026 del ministerio de Sanidad incluye una línea estratégica específica de salud mental en la infancia y la adolescencia. Y tras la aprobación de la especialidad, los médicos internos residentes (MIR) de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia han iniciado su formación este año.

Redes sociales y nuevas tecnologías

La relación de la tecnología y, especialmente, de las redes sociales, con la salud mental de los niños y adolescentes es un debate de plena actualidad. De hecho, varios expertos del área de la salud mental se han posicionado recientemente, abogando por no comprar teléfonos móviles inteligentes a menores de 16 años. «Existen datos que sugieren un impacto negativo en la salud mental, fundamentalmente de las adolescentes; de hecho, se ha formalizado una demanda de las autoridades estatales de EE. UU. a una de las principales empresas que hay detrás de estas plataformas, por este motivo».

Sin embargo, en el momento actual, la comunidad sanitaria se encuentra con la necesidad de integrar, por un lado, las tecnologías digitales en el acceso a la atención, la monitorización de síntomas y el desarrollo e implementación de intervenciones; y, por otro, de plantear cuál puede ser el potencial impacto de las mismas en los menores, «sobre todo, en relación a los diferentes momentos evolutivos y los principales riesgos de las nuevas tecnologías, tanto en la salud mental en general, como en aspectos más específicos, entre los que se puede citar el uso problemático de internet, el acceso a contenidos potencialmente perjudiciales o las situaciones de adicción», apunta la Dra. Moreno.

Prevención

Desde la psiquiatría de la infancia y la adolescencia se hace hincapié en la necesidad de poner el foco en la prevención. «Cada vez tenemos más datos que apuntan a que las situaciones de adversidad temprana, maltrato y abuso en menores tienen un impacto en la salud mental, actuando como factores de riesgo para la aparición de trastornos mentales en la infancia y la adolescencia, pero también en la edad adulta», destaca la también coordinadora de la Red Europea de Neuropsicofarmacología del Niño y el Adolescente (ECAPN). «El enfoque en la prevención permitirá reducir tanto la incidencia y prevalencia de los trastornos mentales como su gravedad y repercusiones funcionales», apunta.

Favorecer estrategias generales de promoción de la salud que permitan mejorar la resistencia de los menores frente a la enfermedad mental (como las relativas a mejorar el conocimiento de estrategias de regulación emocional) y trabajar en la disminución de factores de riesgo en menores (como el acoso escolar o el consumo de cannabis, entre otros), así como desarrollar intervenciones más específicas en poblaciones de niños y adolescentes con mayor riesgo de desarrollar trastornos mentales, bien por presentar ya alguna sintomatología específica o por presentar alguna vulnerabilidad genética o ambiental, «son estrategias que se deben implementar», afirma la Dra. Carmen Moreno, «si se desea mejorar la salud mental de la población de menor edad».

Propuestas de intervención

En este contexto, «es preciso optimizar los esfuerzos en inversión en psiquiatría de la infancia y la adolescencia». Para ello, la psiquiatra aboga por «apostar por los programas preventivos; descentralizar la asistencia y llevarla allí donde está la población infanto-juvenil; promover programas de detección e intervención escolar; desarrollar programas de intervención intensiva que permitan mejorías clínicas en tiempos ajustados; y promover programas de intervención en el domicilio y en entornos naturales que permitan lograr la mejoría clínica del paciente allí donde vive y el aumento de competencias de los menores y de sus adultos referentes».

Para favorecer la eficacia de estos cambios, la experta señala que «es fundamental» trabajar con modelos de intervención eficaces. «Por ejemplo, el incremento de la utilización de psicofármacos a nivel mundial, tanto en adultos como en niños y adolescentes, probablemente refleja un aumento percibido de la necesidad de estos tratamientos en menores, pero es posible que también refleje un acceso escaso o variable a otros tratamientos, como las intervenciones psicoterapéuticas estructuradas, que son tanto o más eficaces para algunos trastornos».

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