CASI EL 100% DE LAS PERSONAS CON TRASTORNO POR JUEGO PRESENTA OTRO TRASTORNO MENTAL

CASI EL 100% DE LAS PERSONAS CON TRASTORNO POR JUEGO PRESENTA OTRO TRASTORNO MENTAL

CASI EL 100% DE LAS PERSONAS CON TRASTORNO POR JUEGO PRESENTA OTRO TRASTORNO MENTAL 1359 903 Docor Comunicación

Con motivo del 17 de febrero, Día Internacional del Juego Responsable, investigadores españoles liderados por el psiquiatra Néstor Szerman, han alertado de que más del 96% de las personas con trastorno por juego presenta también otro trastorno mental, una realidad conocida como patología dual que podría alcanzar prácticamente el 100% si se incluyen trastornos psicóticos o de personalidad. Los expertos, vinculados al Hospital Universitario Gregorio Marañón y a la Fundación Patología Dual, reclaman revisar el abordaje clínico y desarrollar políticas preventivas basadas en la evidencia científica, ante el riesgo de que la dualidad siga sin explorarse de forma sistemática en la práctica asistencial.

Para el doctor Néstor Szerman, esta presencia casi segura de otros trastornos mentales y de rasgos de impulsividad debería servir para recordar a los clínicos, psiquiatras y psicólogos, que esta dualidad “siempre” debe ser explorada. Casi el 7% de pacientes ingresados en unidades de agudos de psiquiatría presentan un trastorno por juego, algo que es generalmente ignorado. “La identificación de la dualidad posibilita tratar los otros trastornos mentales (por ejemplo, el TDAH), al mismo tiempo que se inicia un tratamiento también biológico para el trastorno por juego, seguido de un tratamiento psicológico y social”, explica.

Considerar el trastorno por juego un problema de conducta conduce a políticas preventivas ineficaces.

El hecho de que la dualidad no sea generalmente tenida en cuenta tiene también un impacto sobre las políticas preventivas. El psiquiatra, argumenta que aunque las clasificaciones internacionales y la comunidad científica identifican desde hace tiempo al trastorno por juego como un trastorno mental y, por tanto, cerebral, en el que están involucrados factores genéticos, neurobiológicos y del neurodesarrollo, la realidad es que muchas veces se sigue valorando el trastorno como un mero problema de conducta.

“Desde esa conceptualización, parece que las personas que apuestan o juegan están en riesgo de tener cambios neuroplásticos en el cerebro que les conduzca a la adicción. Y desde ahí se derivan políticas preventivas totalmente erróneas, que no dan lugar a resultados, ya que se elige jugar o beber alcohol, pero nadie elige sufrir una adicción”, reflexiona.

En ese sentido, un grupo de investigadores internacionales liderados por el propio Néstor Szerman, el doctor Francisco Ferre, jefe del servicio y director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid (HUGM), y el doctor Ignacio Basurte, director médico de la Clínica López Ibor de Madrid, acaban de publicar un importante artículo científico que señala la necesidad de desarrollar políticas de prevención basadas en evidencia, la neurociencia clínica y psiquiatría de precisión. En el artículo los expertos proponen una prevención en tres niveles.

La prevención primaria pasa por detectar vulnerabilidad antes de que aparezca el trastorno.

La prevención primaria, según los expertos, debe centrarse en identificar a las personas con mayor vulnerabilidad antes de que desarrollen un trastorno por juego dual. La evidencia científica estima que entre el 0,4% y el 0,7% de la población de entre 15 y 64 años presenta un trastorno por juego, mientras que alrededor del 1% experimenta problemas relacionados con esta conducta. Entre quienes apuestan con mayor frecuencia, los estudios señalan que un 60% son jugadores recreacionales, un 30% puede desarrollar dificultades y un 10% acabará presentando un trastorno que requiere tratamiento integral.

“Debemos identificar a la población de riesgo”, subraya Ignacio Basurte, vicepresidente de la Fundación Patología Dual. Mientras se avanza hacia la disponibilidad de marcadores biológicos y genéticos, el especialista defiende basarse en datos clínicos y fenomenológicos ya conocidos. “Las familias con alta densidad de trastornos mentales o aquellos jóvenes con elevada impulsividad y/o problemas de conducta deberían ser objeto de acciones preventivas”, explica. En esta línea, el Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Gregorio Marañón ha desarrollado el programa AdCom, orientado a detectar en población general personas en riesgo de adicciones comportamentales, entre ellas el trastorno por juego.

La prevención secundaria, por su parte, entra en juego cuando ya han aparecido los primeros síntomas. En ese momento, el abordaje debe ser integral. “El trastorno por juego dual requiere un tratamiento biológico, psicológico y social, pero existe bastante desconocimiento de esta perspectiva”, lamenta Néstor Szerman.

El tratamiento incluye estrategias complementarias como el uso de fármacos para el control de la impulsividad, psicoterapias específicas y medidas sociales como la autoexclusión de plataformas de juego o de entidades de crédito rápido, así como la aplicación del paradigma de reducción de daños. “En lugar de priorizar exclusivamente el abandono del juego, esta aproximación busca mejorar el funcionamiento del paciente, reducir el daño psicológico y financiero y facilitar progresivamente su implicación en el tratamiento”, añade.

Por último, la prevención terciaria se orienta a la reintegración social. Estudios longitudinales indican que, dos décadas después del diagnóstico, el trastorno por juego puede evolucionar hacia la remisión. “La mayoría de los pacientes sigue jugando a niveles no problemáticos. Sin embargo, entre un 40% y un 60% experimenta recaídas, quizá porque ser ‘jugador’ es una condición”, señalan los investigadores, que defienden reconducir la impulsividad hacia ámbitos positivos para consolidar la recuperación a largo plazo.

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