El 40% de las personas con insomnio se automedica

El 40% de las personas con insomnio se automedica

El 40% de las personas con insomnio se automedica 1359 903 Docor Comunicación

Algo tan cotidiano como el sueño es fundamental para la salud; y también lo es para la salud mental. Tanto es así, que el XXXIII Curso Nacional de Actualización en Psiquiatría —la reunión decana de la Psiquiatría estatal, una referencia anual en la que se presentan las actualizaciones y líneas emergentes en salud mental, y que se celebra en Vitoria-Gasteiz del 5 al 7 de marzo—, ha decidido inaugurar su programa formativo con un taller monográfico sobre el sueño y los problemas de insomnio.

Como expertos estuvieron exponiendo sus conocimientos los psiquiatras Cristóbal Pavón, de la Red de Salud Mental de Álava, y Julia Vendrell, del Hospital Universitario Valle de Hebrón, de Barcelona. Como moderadora del curso-taller ejerció otra experta, la también psiquiatra de la Red de Salud Mental de Álava, Nagore Iriarte. En el taller se hizo un repaso de la relación entre el sueño y la salud mental, y se analizó también una nueva terapia farmacológica que tiene como base las orexinas, unos neurotransmisores con un importante papel en la regulación del ciclo sueño-vigilia.

Según pusieron de manifiesto los expertos, el trastorno del sueño —el insomnio— puede tener un impacto tanto en la salud de la persona como en su funcionamiento en la vida diaria. «Sobre todo, un impacto cognitivo, en aspectos como la concentración, la memoria y demás; pero también un impacto psicológico, en el estado del ánimo, niveles de ansiedad y de estrés. Igualmente, un impacto en el funcionamiento diurno, con un aumento del riesgo de accidentes, del absentismo y un menor rendimiento laboral. Y un aumento también el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares». Por todo ello, los expertos recalcaron que dormir bien es esencial, es algo básico. Cuando una persona no duerme bien tiene riesgo de tener distintos s importantes problemas.

Sin embargo, no es insomnio todo lo que llega a las consultas. La gran mayoría de las personas empieza a plantearse que tiene un problema cuando lleva dos noches sin dormir. Pero es cuando ese problema de sueño tiene consecuencias en la vida diurna del individuo, cuando se plantea acudir a la consulta. «Es como una pirámide invertida. Al principio llegan muchos pacientes a las consultas pero luego se va filtrando hasta que efectivamente, se identifica a las personas con un trastorno real de insomnio. El 8% de la población tiene problemas de sueño», apuntaron los expertos.

Los expertos pusieron de relieve que el sueño no es un proceso pasivo. Existe un alto grado de activación del metabolismo cerebral. «Hay factores que regulan este proceso de sueño-vigilia. Por un lado, se da el impulso homeostático hacia el sueño, en el que intervienen neurotransmisores como la adenosina, el ácido gamma-aminobutírico (GABA) y la melatonina. Y por otro, se encuentra el impulso circadiano de vigilia, en el que intervienen otro tipo de neurotransmisores, como la orexina», sobre el que se basan los más recientes avances farmacológicos en este campo.

Durante el curso taller, se puso de relieve las diferencias en los trastornos del sueño en función de los distintos grupos etarios, destacando que las personas mayores son el grupo de población en el que más trastornos del sueño se dan. «En personas mayores, la duración del sueño nocturno disminuye; tienen tendencia a las siestas o cabezadas múltiples durante el día; sueño más fragmentado; mayor número de despertares nocturnos que pueden ser más prolongados; disminuye su capacidad de recuperación del sueño tras periodos de privación de este; también muestran una tendencia a un sueño nocturno adelantado y a una mayor percepción de mala calidad del sueño».

El diagnóstico de insomnio es complejo, ya que existen varios tipos de sueño, que difieren entre sí tanto cuantitativa como cualitativamente, con diferente importancia funcional y distintos mecanismos reguladores.

A pesar de que se habla en términos generales de insomnio, hay muchos subtipos de trastornos del sueño. Se pueden citar la higiene del sueño inadecuada, el insomnio psicofisiológico, el insomnio idiopático, el insomnio paradójico, el insomnio conductual de la infancia, el insomnio comórbido con trastorno mental, el insomnio comórbido con enfermedad médica y el insomnio por consumo de fármacos o sustancias. Todo ello ha de ser tenido en cuenta a la hora de hacer un diagnóstico correcto, esencial para iniciar un tratamiento adecuado. Para el diagnóstico, los especialistas se valen de una herramienta llamada polisomnografía.

En cuanto al tratamiento, el farmacológico es la herramienta más habitual para el manejo integral del insomnio, pero hay varios aspectos. «Primero, es muy importante lograr una correcta higiene del sueño. Para ello, hay que tener en cuenta que hay aspectos que interfieren, como consumir nicotina, teína o cafeína por la noche, participar en una estimulación emocional o física excesiva antes del descanso nocturno, dormir siestas, no mantener rutinas a la hora de acostarse, exponerse a dispositivos electrónicos antes de dormir, comer mucho o muy poco, etcétera».

Cuando la higiene del sueño no es suficiente, se recurre al tratamiento farmacológico. «Los principales fármacos hipnóticos que tenemos son las benzodiacepinas (eficaces para el insomnio ocasional pero que alteran la arquitectura del sueño, generan tolerancia (cada vez precisan dosis mayores) y suelen producir dependencia, por lo que no hay que usarlos más allá de tres meses seguidos. Luego, otra familia son los hipnóticos no benzodiacepínicos (‘fármacos Z’); su efecto es similar al de los anteriores pero no tienen un efecto miorrelajante o ansiolítico, es sólo hipnótico. Aparte, hay otros fármacos, entre los que se pueden citar los antidepresivos, los antipsicóticos y los antihistamínicos, que a veces se usan en trastornos del sueño, pero que carecen de una indicación específica para esta patología». Los expertos llamaron la atención sobre que el 40% de las personas con insomnio se automedica.

La novedad en este campo la constituyen los antagonistas receptores de las orexinas. Sobre este nuevo desarrollo farmacológico, señalaron que «son inductores del sueño, no cambian la arquitectura del sueño, no producen depresión respiratoria (al contrario que las benzodiacepinas), no provocan debilidad muscular al despertar, no pierden eficacia con la administración crónica, no tienen potencial de abuso y no generan dependencia. Están autorizados en Estados Unidos y Europa para problemas de insomnio de más de tres meses de duración e impacto considerable en la actividad diurna». En España, aunque se pueden utilizar, no se encuentran financiados por el sistema público.

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