España ocupa el primer puesto a nivel mundial en el consumo de benzodiacepinas y otros hipnosedantes. Se estima que más del 7% de la población las toma a diario y cifras de consumo superan las 110 dosis diarias por cada 1000 habitantes.
“Actualmente las benzodiacepinas constituyen uno de los principales retos de salud pública en España”, ha afirmado la doctora María del Mar Sánchez Fernández, médico de adicciones del Servicio de Psiquiatría del Hospital General Universitario de Ciudad Real, durante su participación en las XIX Jornadas de Género y Patología Dual, organizadas por la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) y la Fundación Patología Dual, que se celebran hoy en el salón de actos del hospital manchego.
“El tratamiento con benzodiacepinas se puede convertir en un problema cuando nos encontramos en una situación de uso prolongado (más de cuatro semanas) o si aparecen señales de dependencia como aumento de la dosis por tolerancia, incapacidad de dejar el fármaco sin sufrir ansiedad de rebote, interferencia en la vida diaria o automedicación fuera de la pauta médica prescrita”, ha apuntado.
Las benzodiacepinas y la problemática que afecta a las mujeres
La problemática, ha añadido la coordinadora de las jornadas, afecta “especialmente” a las mujeres. “Es la única sustancia con capacidad adictiva cuyo consumo es superior en mujeres”, ha señalado Sánchez, que ha informado que el 67% de los envases de benzodiacepinas son recetados a mujeres, en gran medida para el abordaje del insomnio (52%) y de la ansiedad (51%), y que en la población mayor de 65 años más de la mitad de las mujeres (un 53%) presenta consumo por prescripción inadecuada.
Según María del Mar Sánchez Fernández, muchas de las mujeres con consumo problemático de benzodiacepinas presentan además otras adicciones o trastornos mentales, lo que se conoce como patología dual, una condición clínica influenciada “tanto por factores biológicos como por factores sociales”. Entre los otros trastornos mentales más frecuentes, se encontrarían los trastornos de ansiedad, la depresión mayor, la distimia, el Trastorno por estrés Postraumático (TEPT) y trastornos del sueño como el insomnio crónico.
“También, aunque en menor proporción que en los hombres, se observa el uso combinado de benzodiacepinas con alcohol, tabaco o analgésicos opioides “para potenciar el efecto calmante o paliar el síndrome de abstinencia”, ha añadido.
La importancia de tener en cuenta la perspectiva de género
Como ha señalado María del Mar Sánchez Fernández, los Centros de Tratamiento y Rehabilitación de Adicciones suelen estar históricamente diseñados desde una perspectiva masculina. Esto, según la doctora, es un hándicap, ya que, aunque las mujeres presentan menores tasas globales de consumo de drogas, cuando desarrollan problemas adictivos suelen experimentar una mayor vulnerabilidad biológica y psicológica, más dificultades para acceder al tratamiento, una peor evolución clínica y una mayor comorbilidad psiquiátrica.
A todo ello, ha apuntado la coordinadora de las jornadas, se une la estigmatización que la adicción supone en este colectivo. “El consumo de sustancias en mujeres está socialmente peor visto y lleva asociado un mayor estigma, lo que genera culpa, aislamiento y un ocultamiento de la adicción, lo que muchas veces dificulta la entrada de las mujeres en los circuitos de atención, especialmente si son madres o tienen cargas familiares, ya que, en muchas ocasiones, además, carecen de redes de apoyo para ausentarse de sus hogares”, ha argumentado.
En ese sentido, María del Mar Sánchez Fernández, ha destacado la importancia de incorporar la perspectiva de género en Salud Mental y Adicciones, tanto en la prevención como en la asistencia. “Debemos avanzar hacia modelos de atención más integrales, preventivos y sensibles al género, priorizando la salud mental y la calidad de vida de las mujeres desde una perspectiva biopsicosocial”, ha concluido.