El insomnio crónico multiplica por dos el riesgo de desarrollar una depresión mayor

El insomnio crónico multiplica por dos el riesgo de desarrollar una depresión mayor

El insomnio crónico multiplica por dos el riesgo de desarrollar una depresión mayor 1359 903 Docor Comunicación

Según datos de un estudio liderado por la Sociedad Española de Sueño (SES) y presentado en el marco de su congreso de 2023, el 14% de la población adulta española, alrededor de 5,4 millones de personas, sufre insomnio crónico. La cifra, alarmante per se, lo es más si se analiza el impacto del insomnio crónico sobre la salud física y mental de la población.

Aprovechando la celebración del Día Mundial de la Depresión, desde la SES se quiere alertar de la estrecha relación que el insomnio mantiene con este trastorno mental. De hecho, según María José Aróstegui, psicóloga y miembro del grupo de trabajo de Insomnio de la SES, depresión y sueño mantienen una de las relaciones “más sólidas” en psicopatología: se estima que hasta el 90% de los pacientes con depresión reportan alteraciones en su sueño, desde dificultad para conciliar el sueño o despertares precoces (insomnio de inicio y de mantenimiento) hasta hipersomnia.

La evidencia científica actual, no obstante, como apunta la experta, ya no ve al insomnio solo como un síntoma, sino como “un factor de riesgo causal” de la depresión, de forma que hablaríamos de una relación bidireccional. No en vano, estudios longitudinales indican que las personas con insomnio crónico tienen un riesgo dos veces mayor de desarrollar depresión mayor en comparación con quienes duermen bien.

Esto, según Aróstegui, se debería a que la falta de sueño afecta la regulación de la amígdala (la parte emocional del cerebro), “lo que nos hace más reactivos a los estímulos negativos y menos capaces de procesar el estrés, creando el caldo de cultivo perfecto para un trastorno del ánimo”.

Esta estrecha relación, explica la portavoz de la SES, tiene “una explicación neurobiológica”, ya que ambos trastornos, la depresión y el insomnio, comparten las mismas rutas en el cerebro. Así, por ejemplo, la desregulación de la serotonina, la dopamina y la noradrenalina afectaría tanto al estado de ánimo como a los ciclos de sueño-vigilia; y el sistema de respuesta al estrés (el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal) suele estar hiperactivo en ambos trastornos, “manteniendo al cuerpo en un estado de alerta que impide el sueño y agota los recursos emocionales”.

El tratamiento del insomnio fundamental para mejorar el curso de la depresión

Para María José Aróstegui, socialmente cada vez está permeando más la idea de que el sueño no es un estado pasivo, sino un proceso activo de limpieza cerebral y regulación emocional. Sin embargo, en su opinión, aún falta que se entienda que cuidar el sueño “es, literalmente, medicina preventiva en salud mental”.

La evidencia científica demuestra este extremo. Ensayos clínicos recientes han mostrado que, en pacientes con depresión, cuando se trata el insomnio de forma específica (por ejemplo, con Terapia Cognitivo-Conductual para Insomnio), las tasas de remisión de la depresión se duplican en comparación con aquellas personas que solo reciben tratamiento para el estado de ánimo.

Esta relación no se da con tanta fiabilidad a la inversa, lo que demuestra el potencial del tratamiento del insomnio en el abordaje de la depresión. Como admite Aróstegui, al mejorar el cuadro depresivo con psicoterapia o fármacos, el sueño suele mejorar. Sin embargo, matiza, la evidencia científica advierte que el insomnio a menudo actúa como un síntoma residual.

Si la depresión mejora, pero el insomnio persiste como síntoma residual, el riesgo de recaída es altísimo. Por tanto, mejorar la depresión ayuda al sueño, pero tratar el sueño es vital para lograr la remisión de la depresión”, concluye.

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