La mayoría de practicantes del chemsex presenta simultáneamente un trastorno por uso de sustancias y otro trastorno mental

La mayoría de practicantes del chemsex presenta simultáneamente un trastorno por uso de sustancias y otro trastorno mental

La mayoría de practicantes del chemsex presenta simultáneamente un trastorno por uso de sustancias y otro trastorno mental 1359 903 Docor Comunicación

El chemsex o el uso intencional de drogas psicoactivas antes o durante las relaciones sexuales para intensificar, facilitar o prolongar el placer y la experiencia sexual, hace tiempo que dejó de ser un fenómeno marginal en los dispositivos de atención a la salud mental y las adicciones para convertirse en una realidad cada vez más frecuente, sobre todo en las unidades de adicciones.

Las sustancias más frecuentemente asociadas con esta práctica son estimulantes como por ejemplo las metanfetaminas o mefedrona entre otras. Estas drogas tienen un alto potencial adictivo, especialmente, como señala el doctor Pablo Vega Astudillo, vicepresidente de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD), “cuando se consumen en patrones compulsivos y prolongados”, como ocurre en sesiones de chemsex, en las que, además, es frecuente el policonsumo, lo que complica aún más el cuadro clínico.

“Los estudios muestran que más de la mitad personas que practican chemsex presentan trastornos adictivos. El chemsex implica el uso de sustancias psicoactivas en contextos de alta intensidad emocional y refuerzo inmediato (placer, desinhibición, conexión social), lo que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar un trastorno por uso de sustancias”, reflexiona el médico.

Para el doctor Pablo Vega, sin embargo, este consumo de sustancias asociado al chemsex no debe entenderse como una conducta aislada, sino como “la interacción entre una sustancia y un cerebro vulnerable”, un contexto que facilita tanto la dependencia psicológica como la neurobiológica.

Esa vulnerabilidad cerebral, según el experto, se demuestra en el hecho de que es “muy habitual” que los usuarios que practican el chemsex presenten también, además de adicciones, una mayor prevalencia de otros trastornos mentales como la depresión, los trastornos de ansiedad, los trastornos de la personalidad o trastornos relacionados con el trauma. “En muchos casos, el consumo no es solo recreativo, sino una forma de automedicación frente al malestar psicológico”, sostiene.

La evidencia clínica y la experiencia asistencial, de hecho, según señala el vicepresidente de la SEPD, apuntan a que la patología dual (la confluencia en una misma persona de una adicción y otro trastorno mental) “es más la norma que la excepción” en el contexto del chemsex: “Aunque los datos exactos pueden variar, una proporción muy significativa de personas que practican chemsex presenta simultáneamente un trastorno mental y un trastorno por uso de sustancias”.

Abordar el chemsex desde la perspectiva de la patología dual

Según Pablo Vega Astudillo, esta confluencia entre adicciones y otros trastornos mentales entre los usuarios de chemsex refuerza la necesidad de un abordaje integrado de todos los trastornos. “Abordar el chemsex desde esta perspectiva permite intervenir sobre las causas subyacentes, no solo sobre los síntomas”, subraya el médico, que destaca que este abordaje integral y simultáneo también mejora la adherencia a los tratamientos y reduce las recaídas y las conductas de riesgo.

Este mes de abril, precisamente, arranca el curso Abordaje de la salud mental del usuario con prácticas chemsex y patología dual, puesta en marcha por la Fundación Patología Dual, que proporcionará a los participantes las herramientas necesarias para comprender, evaluar y abordar de manera efectiva estas realidades emergentes en la práctica clínica. Para Pablo Vega, este tipo de formaciones son “fundamentales porque todavía existe una brecha importante” en la formación de profesionales. Según el experto, de hecho, a día de hoy muchos clínicos siguen sin identificar el chemsex como un fenómeno clínicamente relevante, no reconocen la patología dual subyacente y carecen de herramientas específicas de intervención.

“Este tipo de formación responde a una necesidad creciente en el sistema sanitario español y contribuye a sensibilizar a los profesionales, mejorar el diagnóstico precoz y promover un abordaje integral y basado en evidencia”, concluye.

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