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La belicosidad humana y sus arietes psicobiológicos en un mundo en guerra

La belicosidad humana y sus arietes psicobiológicos en un mundo en guerra 1359 903 Docor Comunicación

Los conflictos bélicos, desde las disputas tribales hasta las guerrillas o las guerras de gran alcance, tienen sus raíces en mecanismos psicobiológicos que provienen de la historia evolutiva de nuestra estirpe. Factores como la competición intergrupal, la agresividad ofensiva y el tribalismo han moldeado la propensión humana a guerrear. A pesar de los avances educativos, tecnológicos, económicos  y morales en las sociedades humanas, las causas primarias de los conflictos bélicos siguen siendo las mismas que desde los albores de la humanidad.

Este planteamiento sostiene la ponencia “La Guerra Infinita: vectores psicobiológicos”, impartida por el Dr. Adolf Tobeña, catedrático emérito de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), quién cuenta con una amplia trayectoria en la investigación en neurobiología de las emociones. Dicha ponencia se ha presentado en una sesión plenaria durante el Congreso Nacional de Psiquiatría, que se ha celebrado en Donostia-San Sebastián. Su conferencia se basó en el ensayo: La Guerra Infinita: De las luchas tribales a las contiendas globales.

El especialista desgranó los diversos factores biológicos y sociales que sustentan la competición entre grupos y las coaliciones combativas, ofreciendo una perspectiva unificada sobre las raíces de los conflictos bélicos, tanto en sus formas más sencillas y primitivas como en los escenarios contemporáneos más tecnificados y destructivos.

El Dr. Tobeña subrayó que “la guerra no es una invención humana reciente, sino que tiene profundas raíces en la biología de los animales sociales, incluidos los humanos. Esos mecanismos, que fueron esenciales en la trayectoria evolutiva de nuestra estirpe, todavía juegan un papel relevante en los conflictos contemporáneos”. Enfatizó que los seres humanos “han perfeccionado los procedimientos guerreros, aplicando técnicas armamentísticas y estrategias cada vez más sofisticadas, aunque los arietes básicos siguen siendo los mismos: la lucha por la primacía y los recursos, la defensa del grupo y la agresividad ofensiva”.

Competición intergrupal: el motor de los conflictos.

“La guerra no puede entenderse sin la competencia entre grupos”, sostuvo el Dr. Tobeña, quién añadió que “este proceso, fundamental para la guerra, es universal y se da en muchas especies animales, pero en los humanos ha adquirido atributos peculiares a medida que las sociedades se han vuelto más complejas”. “La lucha por recursos escasos o altamente codiciados, por territorios y por poder ha sido una constante en el devenir de los humanos. Desde las hordas de aborígenes, las primeras ciudades y feudos, hasta los conflictos actuales, la competencia entre grupos sigue siendo el motor esencial de los enfrentamientos”, agregó.

El especialista subrayó que “en las sociedades primitivas, los clanes y tribus luchaban por prevalecer en entornos exigentes”. Esa tendencia se mantiene en los conflictos contemporáneos, donde los estados compiten por dominios estratégicos, recursos codiciados   o influencia global”. Según su análisis, esa predisposición competitiva es uno de los factores clave que explican la propensión humana a repetir guerras.

Agresividad ofensiva: una capacidad singular de los humanos.

El Dr. Tobeña destacó la notoria habilidad de los humanos para la agresividad ofensiva. A diferencia de otros animales, los humanos no solo reaccionan ante las amenazas, sino que también son capaces de planificar y ejecutar ataques preventivos y ofensivos. “La agresividad ofensiva humana es mucho más versátil y sofisticada que en otros primates. Ese atributo permitió crear unidades militares bien entrenadas y disciplinadas, y tácticas cada vez más complejas”.

Señaló que desde las emboscadas o las razzias en épocas tribales hasta las incursiones solapadas y arrasadoras que permiten la alta tecnología y la inteligencia, en los conflictos actuales, la agresividad ofensiva ha sido un factor decisivo en el éxito militar. La disposición a atacar primero, mediante tácticas bien planificadas y golpes decisivos, ha permitido a los grupos humanos conquistar y dominar a otros, consolidando su posición.

Tribalismo y moralidad tribal: las fronteras entre “nosotros” y “ellos”.

Otro factor crucial que impulsa los conflictos bélicos es el tribalismo. Los seres humanos tienden a dividir el mundo en “nosotros” y “ellos”, lo que genera un fuerte sentido de pertenencia grupal. Este “favoritismo intragrupal”, según el Dr. Tobeña, “fomenta la lealtad y el compromiso hacia el propio grupo, mientras que los miembros de grupos ajenos son percibidos como adversarios hostiles”. “El tribalismo es el ariete que convierte a los otros en enemigos a subyugar o liquidar, facilitando la justificación moral para atacarlos”, indicó el Dr. Tobeña.

Ese mecanismo psicológico opera en los lindes entre todos los grupos y sigue siendo una fuerza poderosa en los conflictos actuales. “A medida que las tensiones entre grupos vecinos aumentan, las diferencias se amplifican y la violencia se justifica en nombre de la protección del propio grupo. El tribalismo, junto con la moralidad tribal, crea una atmósfera donde la agresión hacia el otro grupo es no solo aceptable, sino también vista como una virtud apreciada”.

La relevancia de los mecanismos psicobiológicos en las guerras en curso.

Durante su exposición, el Dr. Tobeña también hizo referencia al ensayo Big Wars, Again: Psychobiological Vectors, publicado en la revista Psychology. En dicho artículo conecta esos mecanismos básicos con las contiendas bélicas actuales, como las guerras en Ucrania y en Palestina. “A pesar de las sofisticadas y variadas tecnologías bélicas usadas en esos enfrentamientos, los arietes psicobiológicos que nutren las propensiones hostiles y dominadoras siguen siendo los mismos. La guerra ha vuelto a lugares cercanos y a sociedades avanzadas porque en esas contiendas crepitan los mismos vectores que han sustentado la competición entre grupos humanos desde siempre”, señaló.

En ese artículo, el Dr. Tobeña resaltaba, asimismo, el papel decisivo de los liderazgos fuertes en la movilización de efectivos y en el mantenimiento del esfuerzo bélico. El liderazgo efectivo, capaz de cohesionar y arrastrar a multitudes, junto a la competición intergrupal y al tribalismo siempre presentes, crean combinaciones peligrosas que acercan el umbral de la colisión letal.

“Comprender esos factores psicobiológicos es clave para entender el estallido y el curso no solo de los conflictos bélicos actuales, sino también para prever futuros enfrentamientos y mejorar los resortes y las instituciones dedicadas a la prevención de las guerras. Solo con análisis sistemáticos que incorporen esos mecanismos será posible avanzar hacia futuros menos sombríos”, concluyó.

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La psiquiatría llama a sus profesionales a integrar el cuidado propio para prevenir el “burnout”

La psiquiatría llama a sus profesionales a integrar el cuidado propio para prevenir el “burnout” 1359 903 Docor Comunicación

 

El desgaste profesional (o burnout), que alcanza ya proporciones epidémicas en el colectivo sanitario, no cabe sólo atribuirlo a la carga asistencial (que ha crecido de manera desmesurada, ni a la falta de recursos suficientes para hacer frente a esta creciente demanda) sino que también se debe a la carencia de una “cultura” que reconozca la importancia del cuidado propio en los equipos y en los mismos profesionales, entre ellos, los del ámbito de la salud mental.  Todo ello, pese a que la evidencia científica más reciente resalta la importancia de integrar el auto-cuidado en la práctica clínica diaria para garantizar no solo una buena praxis profesional, sino también para prevenir el burnout epidémico que afecta a este colectivo.

La crisis del cuidado se ha intensificado desde la Gran Recesión de 2008 y se ha agravado aún más con la pandemia de COVID-19. El burnout es un síndrome de agotamiento físico y emocional causado por el estrés laboral crónico. Se manifiesta en una pérdida de motivación, reducción de la eficacia en el trabajo y una desconexión emocional.

Estas son algunas de las conclusiones del  taller “Cuidarnos para poder cuidar: de los profesionales de salud mental a los equipos” impartido durante el XVII Congreso Nacional de Psiquiatría que se celebra en Donostia-San Sebastián.

El taller fue dinamizado por la Dra. María Dolores Braquehais Conesa, psiquiatra, jefa clínica de la Clínica Galatea, sede asistencial del Programa de Atenció Integral al Professional de la Salut Malalt que forma parte de la cartera de Servicios del CATSALUT; y por la Dra. Amanda Rodríguez Urrutia, psiquiatra, coordinadora de la Unidad BIGU (Brain Immune Gut Unit) del Hospital Vall d’Hebron y coordinadora de tutores y docencia de residentes MIR del Servicio de Salud Mental del Hospital Vall d’Hebron, miembro del Comité Ética Asistencial del mismo hospital y presidenta de la Subcomisión de Salud mental de la Comisión de Docencia de dicho centro. Ambas forman parte también del grupo de investigación en Psiquiatría, Salud Mental y Adicciones del Institut de Recerca Vall Hebron como investigadoras adscritas al CIBERSAM.

El objetivo principal de este taller ha sido, según la Dra. Braquehais, «tomar conciencia de la importancia del cuidado propio, tanto a nivel individual como en los equipos de salud mental, a través de la meditación, la reflexión y el diálogo». La Dra. Rodríguez ha añadido que «no se trata de un abordaje puramente teórico, sino de un enfoque práctico que pueda traducirse en acciones concretas, sencillas y factibles». A lo largo del taller, se ha explorado el concepto de “cuidado de sí” desde una perspectiva integral que abarca todas las dimensiones del ser humano: biológica, conductual, social, mental y espiritual, siempre en el contexto particular de cada persona.

Este enfoque, como ha explicado la Dra. Braquehais, «no se limita a la promoción del bienestar individual. Se trata de un concepto más amplio que incluye el reconocimiento de los límites personales, de los compañeros y del entorno, como condición previa a la puesta en marcha de acciones que promuevan el bien común». La Dra. Rodríguez ha destacado que «el cuidado propio no es un acto egoísta, sino una forma de asegurar que los profesionales puedan seguir brindando una atención efectiva y de calidad, incluso en medio de la creciente presión asistencial, al tiempo que se cuidan también a sí mismos y a sus compañeros».

En el taller se ha invitado a los participantes a centrarse en  su propia situación personal y contextual. «Se ha promovido el uso de la ‘razón común’», ha explicado la Dra. Rodríguez, «con el fin de que las ideas y reflexiones compartidas puedan convertirse en acciones concretas para mejorar tanto el cuidado personal como el de los equipos». Además, la Dra. Rodríguez ha remarcado la importancia de «enfocarse en la “acción posible”, evitando caer en el fatalismo o el nihilismo, pero sin perder de vista la complejidad de las relaciones personales y los sistemas organizacionales».

Aceptar la realidad de cada individuo

Una de las premisas fundamentales del taller ha sido la necesidad de “aceptar” la realidad de cada individuo, lo que la Dra. Braquehais ha definido como «un hacerse cargo de nuestras circunstancias, no en una mera resignación». Según ella, «esta aceptación implica reconocer las limitaciones de cada uno, de quienes le rodean y de su contexto y actuar en función de ello, promoviendo el cuidado de sí como un medio, entre otros, que puede ayudar a reducir el desgaste y la progresiva desmoralización de los profesionales de salud mental». La Dra. Rodríguez ha recalcado que «regirse por la lógica del cuidado no sólo puede ayudar prevenir la creciente epidemia de burnout entre los profesionales de la salud sino humanizar el quehacer propio y la convivencia entre compañeros».

El taller ha tenido en cuenta las peculiaridades de los distintos estadios en la carrera profesional de los participantes, así como de los diversos grados de responsabilidad que asumen en sus equipos. «Para aplicar de manera efectiva las enseñanzas del cuidado propio, es esencial adaptarlas a cada realidad personal y profesional«, han afirmado las doctoras Braquehais y Rodríguez. Ambas han coincidido en que «a través de pequeños cambios cotidianos, cada participante puede comenzar a sembrar una nueva cultura del ‘cuidado de sí’ que beneficie tanto a los individuos como a sus equipos de trabajo».

Me importas: un testimonio de psiquiatría viva

En línea con algunas de las ideas compartidas en el taller, se alinea el libro Me importas: Un testimonio de psiquiatría viva, del que las doctoras Braquehais y Rodríguez son autoras. Según ambas psiquiatras, “que el otro perciba ese ‘me importas’ es esencial no solo en la relación psiquiatra-paciente, sino en todas las interacciones humanas». La obra apuesta por una “psiquiatría” -en minúsculas- “Viva”-en mayúsculas- pues pretende recalcar que «lo más importante es dar protagonismo a la vida, más allá de nuestra intervención en ella«. Como han resaltado ambas psiquiatras, este enfoque también puede servir como una guía para que los profesionales se cuiden a sí mismos y, en consecuencia, puedan acompañar mejor a sus pacientes.

En conclusión, el taller impartido por las doctoras Braquehais y Rodríguez Urrutia “ha sido un intento de reivindicar la importancia del cuidado como un requisito fundamental a la hora de mejorar tanto su bienestar personal como la calidad de la atención que brindan a sus pacientes”. En palabras de las doctoras «en tiempos de alta demanda y estrés, se trata de abrir la posibilidad de poner en práctica una nueva manera de entender el quehacer en el que sea esencial “cuidarse para poder cuidar”, lo que redunda no sólo en beneficio de los profesionales sino también en la calidad asistencial”.

 

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Las terapias de neuromodulación también son eficaces en pacientes psiquiátricos mayores

Las terapias de neuromodulación también son eficaces en pacientes psiquiátricos mayores 1359 903 Docor Comunicación

 

Las terapias de neuromodulación, como la estimulación cerebral profunda o la estimulación magnética transcraneal, pueden ser igual de eficaces en pacientes geriátricos que en poblaciones más jóvenes, siempre que se ajusten las dosis y los tiempos de tratamiento de forma adecuada.

Este ha sido el mensaje principal que la Dra. Adriana Hermida, psiquiatra experta con casi 20 años de experiencia en Estados Unidos, ha transmitido en el XXVII Congreso Nacional de Psiquiatría que se ha celebrado en San Sebastián, desafiando las percepciones erróneas que han limitado el acceso a estas terapias para personas mayores.

La ponencia de Hermida, titulada Terapias de Neuromodulación: estado actual y perspectivas futuras, ha puesto en evidencia “un cambio necesario en la forma de abordar las terapias de neuromodulación en adultos mayores.”

“Durante años, estas terapias, así como la estimulación cerebral profunda (ECP), la estimulación del nervio vago (ENV) y el uso de la ketamina, han sido aplicadas de manera limitada en esta población debido a una serie de percepciones erróneas sobre su efectividad en pacientes de mayor edad”, ha explicado la experta.

La neuromodulación

La neuromodulación es un conjunto de técnicas médicas que regulan la actividad del sistema nervioso mediante estímulos eléctricos, magnéticos o farmacológicos. Se utiliza para tratar trastornos neurológicos y psiquiátricos resistentes, como la depresión severa y el trastorno obsesivo-compulsivo o trastornos afectivos.

Entre las principales técnicas se incluyen la estimulación cerebral profunda, la estimulación magnética transcraneal y la estimulación del nervio vago, que pueden ser invasivas o no invasivas. Estas terapias ofrecen una alternativa eficaz para pacientes que no responden a los tratamientos convencionales.

En este contexto, su intervención se ha centrado en una revisión exhaustiva de los últimos estudios sobre neuromodulación en pacientes geriátricos, incluyendo investigaciones sobre la eficacia de la terapia electroconvulsiva, la estimulación magnética transcraneal y otras técnicas. Según ha destacado Hermida, “la población geriátrica también puede beneficiarse de las terapias de neuromodulación si los tratamientos se administran correctamente”, subrayando así “la necesidad de ajustar las dosis y el tiempo de aplicación para optimizar los resultados”.

“La neuromodulación ha demostrado ser eficaz en el tratamiento de patologías psiquiátricas resistentes. Sin embargo, en el caso del adulto mayor, la falta de estudios específicos y la incorrecta administración han llevado a que estos pacientes reciban tratamientos inadecuados. La idea de que los adultos mayores responden peor a estas terapias se debe más a un mal manejo clínico que a la verdadera respuesta del paciente”, ha subrayado.

Avances recientes en las terapias de neuromodulación

La Dra. Hermida ha puesto de manifiesto los resultados de estudios recientes sobre la terapia electroconvulsiva, “una técnica que ha sido mal entendida durante décadas pero que, aplicada de manera adecuada. Esta técnica ha mostrado mejoras significativas en pacientes con trastornos depresivos severos. De igual forma, la estimulación magnética transcraneal, que utiliza campos magnéticos para estimular áreas específicas del cerebro, ha mostrado ser prometedora, especialmente en el tratamiento de la depresión y el trastorno obsesivo-compulsivo en pacientes mayores”.

Además, Hermida ha abordado “los estudios más recientes sobre la estimulación del nervio vago y la estimulación cerebral profunda, dos técnicas que han empezado a ganar relevancia en el tratamiento de trastornos resistentes en el adulto mayor”.“Es crucial entender que la neuromodulación no tiene una edad límite”, ha afirmado la Dra. Hermida, quien ha destacado que “estos tratamientos deben ser personalizados y ajustados de manera cuidadosa”.

La importancia de un enfoque adecuado en la población geriátrica 

Por último, la Dra. Hermida ha subrayado “la importancia de adaptar las terapias de neuromodulación a las características individuales de cada paciente geriátrico.

Se deben desmitificar muchas de las barreras que actualmente impiden que estas terapias se ofrezcan de manera adecuada a pacientes mayores, y destacó la importancia de la formación y actualización de los profesionales para asegurar que las terapias lleguen a aquellos que más lo necesitan”.

 

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La esketamina podría ser clave en el tratamiento de la depresión resistente al tratamiento

La esketamina podría ser clave en el tratamiento de la depresión resistente al tratamiento 1359 903 Docor Comunicación

Un estudio pionero y prospectivo evaluó el impacto de la esketamina en pacientes con depresión resistente al tratamiento (TRD), analizando su efectividad y los posibles cambios en los niveles de neurofilamentos, un marcador de daño nervioso, así como en el volumen de distintas áreas cerebrales.

Los primeros resultados de 9 pacientes sugieren alteraciones tanto en los neurofilamentos como en el volumen cerebral antes de iniciar el tratamiento, lo que podría servir como biomarcador para predecir la evolución de la enfermedad. La esketamina es el nuevo fármaco intranasal, un enantiómero de la ketamina, aprobado por la FDA para tratamiento de trastorno de depresión resistente en combinación con otros antidepresivos.

El estudio ha sido presentado en el Congreso Nacional de Psiquiatría que se ha celebrado en Donostia-San Sebastián por la Dra. Ana Rodríguez Lorente, investigadora principal del estudio, quién destaca que “Estos hallazgos son prometedores, pero necesitamos más datos para confirmar los efectos a largo plazo de la esketamina».

El estudio ha sido realizado por la Dra. Ana Rodríguez Lorente, residente de psiquiatría, Maria Pilar Campos Navarro adjunta de psiquiatría y el Dr. Juan Antonio García-Carmona adjunto de neurología en el Hospital Santa Lucia Cartagena, Murcia.

En este contexto, la especialista señaló que la depresión resistente al tratamiento, conocida como TRD, es un tipo de depresión en el que los pacientes no mejoran con los tratamientos habituales. Las investigaciones han indicado que este tipo de depresión está relacionado con daño en las conexiones nerviosas del cerebro y cambios en el tamaño de ciertas áreas cerebrales. Sin embargo, hasta ahora no se habían realizado estudios sobre cómo afectan nuevas terapias, como la esketamina, a la inflamación o a la pérdida de tejido cerebral.

Estudio pionero

Este estudio pionero tuvo como objetivo evaluar cómo funcionaba la esketamina en pacientes con TRD y analizar si provocaba cambios en los niveles de neurofilamentos (una sustancia que indica daño en los nervios) y en el volumen de áreas cerebrales clave, como el hipocampo, regiones corticales y subcorticales, y las principales vías nerviosas. Para ello, se midió el estado de los pacientes antes de iniciar el tratamiento y después de seis meses.

Los pacientes del estudio fueron evaluados regularmente, al comienzo del tratamiento y luego a los 1, 3 y 6 meses. Para conocer su evolución, se utilizaron diferentes cuestionarios que midieron la gravedad de su estado de salud (CGI-S), su calidad de vida (PHQ-9), el nivel de depresión (MADRS), la discapacidad que percibían (Escala SDI), su satisfacción con el tratamiento (DAI), el riesgo de suicidio (Escala Columbia) y el nivel de agotamiento del cuidador (Escala Zarit).

Además de estas pruebas clínicas, se realizaron resonancias magnéticas cerebrales avanzadas para medir el volumen de diferentes zonas del cerebro y evaluar las conexiones nerviosas. Se utilizó el software Vol2Brain e ImageJ para comparar los cambios en el volumen cerebral antes y después de seis meses de tratamiento con esketamina. También se analizaron muestras de sangre para medir los niveles de neurofilamentos, lo que permitió detectar posibles daños en los nervios.

En su fase inicial, el estudio presentó los resultados de los primeros 9 pacientes evaluados antes de empezar con esketamina. Las puntuaciones de las escalas clínicas fueron las siguientes: CGI-S=3.3, PHQ-9=21.3, MADRS=31.2, Escala SDI=28, DAI=9.0, Escala Columbia=14.6 y Escala Zarit=66.

Estos resultados sugirieron que tanto los niveles de neurofilamentos como el volumen cerebral estaban afectados en pacientes con TRD, lo que «podría ser útil para predecir la evolución de la enfermedad y mejorar el diagnóstico», destacó la Dra. Rodríguez Lorente.

Aunque estos datos iniciales fueron importantes, «se necesita más investigación para confirmar cómo la esketamina puede afectar a estos indicadores a largo plazo», concluyó la investigadora.

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Tres estudios pioneros aplican la inteligencia artificial para mejorar el diagnóstico y tratamiento del TDAH

Tres estudios pioneros aplican la inteligencia artificial para mejorar el diagnóstico y tratamiento del TDAH 1359 903 Docor Comunicación

En el Congreso Nacional de Psiquiatría que se ha celebrado en Donostia-San Sebastián, el Dr. J. Antoni Ramos-Quiroga, jefe del servicio de salud mental del Hospital Universitari Vall d’Hebron de Barcelona, profesor titular de UAB y miembro de CIBERSAM, ha presentado tres estudios pioneros que emplean inteligencia artificial (IA) para mejorar el diagnóstico y tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Durante el simposio titulado “Inteligencia artificial aplicada en el diagnóstico y tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)”, el Dr. Ramos-Quiroga ha explicado cómo estos proyectos, aún en desarrollo, están aprovechando la IA para transformar la Psiquiatría y aportar más soluciones personalizadas en el manejo de este trastorno.

Los tres estudios, que abarcan desde tecnologías de diagnóstico como el eye tracking hasta plataformas de tratamiento cognitivo mediante neurojuegos digitales y herramientas de monitorización de efectos secundarios, están sentando las bases para mejorar significativamente la atención a los pacientes con TDAH.

Primer estudio: Diagnóstico del TDAH mediante el ángulo de vergencia ocular

En primer lugar, el Dr. Ramos-Quiroga explicó el estudio presentado por la Dra. Paloma Valera, jefa del servicio de psiquiatría infantil del Hospital de Mataró, que evalúa una solución digital basada en IA para el diagnóstico del TDAH mediante el análisis del ángulo de vergencia ocular. Este sistema utiliza la tecnología de eye tracking, que permite medir los movimientos oculares mientras los pacientes realizan pruebas neuropsicológicas.

“Este dispositivo permite realizar una medición objetiva de los movimientos oculares y, gracias a la inteligencia artificial, correlacionamos estos datos con la presencia o no de TDAH. Este enfoque nos ofrece una aproximación diagnóstica mucho más precisa y objetiva, que complementa las pruebas clínicas tradicionales”, explicó el Dr. Ramos-Quiroga. El dispositivo ya ha sido probado en niños y actualmente está siendo evaluado en adultos.

Segundo estudio: Tratamiento cognitivo mediante neurojuegos digitales personalizados

El Dr. Ramos-Quiroga también explicó el segundo estudio, presentado por el Dr. Javier Quintero, jefe del servicio de psiquiatría del Hospital Infanta Leonor en Madrid. Este proyecto se centra en un programa de tratamiento cognitivo basado en neurojuegos digitales, diseñados con IA, que permiten que los pacientes realicen ejercicios cognitivos adaptados a su perfil clínico y evolución.

“Este sistema personaliza los ejercicios en función del rendimiento de cada paciente, adaptándolos a sus necesidades clínicas. Lo más destacado es que estos neurojuegos se pueden realizar desde casa, lo que facilita una mayor flexibilidad y un tratamiento mucho más intensivo”, afirmó el Dr. Ramos-Quiroga.

El sistema permite que los datos de miles de pacientes sean procesados por la inteligencia artificial, que luego predice qué ejercicios son más efectivos para cada persona. “Es un avance notable en comparación con las terapias tradicionales, ya que permite una intervención mucho más personalizada”, añadió Ramos-Quiroga.

Tercer estudio: Monitorización de efectos secundarios y adherencia a la medicación con el proyecto ART-CARMA

El tercer estudio, titulado “ADHD Remote Technology study of cardiometabolic risk factors and medication adherence (ART-CARMA)”, fue presentado por el propio Dr. Ramos-Quiroga como parte del proyecto europeo TIMESPAN, financiado por Horizon 2020. Este estudio utiliza inteligencia artificial para monitorizar de forma remota a 300 pacientes con TDAH durante un año, analizando tanto su adherencia a la medicación como los posibles efectos secundarios derivados de los tratamientos.

“El proyecto ART-CARMA monitoriza a los pacientes a través de una aplicación móvil y un dispositivo que registra sus movimientos y variables clínicas. Esto nos permite hacer un seguimiento detallado y en tiempo real de su respuesta al tratamiento, lo que es crucial para entender los efectos secundarios y ajustar las dosis cuando sea necesario”, explicó Ramos-Quiroga.

El estudio incluye la colaboración de instituciones europeas de prestigio, como Hospital Universitari Vall d’Hebron de Barceolina, el King’s College de Londres y el Karolinska Institute, y busca identificar qué perfiles de pacientes responden mejor a la medicación, minimizando los efectos secundarios.

La inteligencia artificial, clave en la mejora del manejo del TDAH

El Dr. Ramos-Quiroga subrayó que “estos tres estudios pioneros marcan un antes y un después en la aplicación de la inteligencia artificial en la Psiquiatría”. “La IA nos permite no solo mejorar el diagnóstico, sino también personalizar los tratamientos y monitorizar los efectos secundarios de una manera que antes no era posible. Estos avances ofrecen nuevas oportunidades para mejorar la calidad de vida de los pacientes con TDAH”, concluyó.

 

Psiquiatría-y-Cultura

Investigación en psiquiatría sobre el impacto de la cultura en los trastornos mentales

Investigación en psiquiatría sobre el impacto de la cultura en los trastornos mentales 1359 903 Docor Comunicación

Durante la plenaria titulada “Psiquiatría y Cultura” en el Congreso Nacional de Psiquiatría de San Sebastián, el Profesor Germán Berrios, catedrático emérito de Epistemología Psiquiátrica de la Universidad de Cambridge, ha destacado la importancia de la cultura en la forma en que se entienden y gestionan los trastornos mentales. Berrios ha explicado que “los síntomas y los trastornos mentales no son solo fenómenos biológicos o psicológicos, sino que también están profundamente influenciados por el entorno cultural”.

Sin embargo, ha señalado que uno de los principales retos es la falta de una definición clara y operativa del concepto de cultura, lo que dificulta su estudio en la Psiquiatría. “Aunque se habla mucho sobre este tema, existe más retórica que ciencia sólida”, ha explicado, enfatizando la necesidad de avanzar en la investigación para comprender mejor cómo la cultura afecta la salud mental.

Durante su intervención, ha explorado cómo el concepto de cultura —entendido como un conjunto de creencias, valores, y normas sociales— afecta tanto la definición de los síntomas como la forma en que las sociedades gestionan las enfermedades mentales. “Los trastornos mentales no son únicamente fenómenos que pueden explicarse desde la biología o la psicología individual”, ha señalado Berrios, quien ha añadido que “el entorno cultural también juega un papel decisivo en cómo los definimos y tratamos”.

Además, ha profundizado en cómo la cultura no solo moldea la percepción social de los trastornos mentales, sino que también influye en las respuestas médicas, sociales y políticas hacia estos problemas. Según Berrios, en algunas culturas, lo que podría considerarse un comportamiento normal en una sociedad, puede verse como un trastorno en otra. Este punto clave abre un debate sobre la universalidad de los diagnósticos psiquiátricos y la necesidad de adaptar los tratamientos según el contexto cultural.

La relación entre cultura y psiquiatría 

A pesar de su importancia, Berrios ha advertido que el estudio de la relación entre cultura y psiquiatría sigue siendo un desafío. “No tenemos una definición operativa de ‘cultura’ que sea lo suficientemente clara para aplicar de forma rigurosa en la investigación científica”, ha afirmado. Este vacío en la definición de cultura complica el análisis científico del impacto cultural en la Psiquiatría. Ha comentado que, aunque se ha hablado mucho sobre el tema, “la falta de herramientas precisas para medir estos efectos ha generado más discurso teórico que evidencia científica”.

Finalmente, Berrios ha concluido que, aunque el campo sigue lleno de preguntas sin respuesta, hay un creciente interés por avanzar en la investigación sobre cómo la cultura afecta la salud mental. Ha enfatizado que este es un ámbito que requiere más estudios para poder ir más allá de la retórica y construir una base científica sólida que permita entender de manera más completa cómo el contexto cultural moldea nuestra experiencia de los trastornos mentales.

 

antipsiquiatría

Psicopatología en riesgo: la antipsiquiatría amenaza el cuidado de pacientes

Psicopatología en riesgo: la antipsiquiatría amenaza el cuidado de pacientes 1359 903 Docor Comunicación

En los últimos años ha emergido una nueva corriente antipsiquiátrica de gran virulencia. A diferencia de la antipsiquiatría de hace 50 años, que se orientaba fundamentalmente a la desinstitucionalización de los pacientes y a la reconversión del psiquiatra excesivamente biologicista, esta nueva corriente no solo critica la Psiquiatría tradicional, sino que aspira a la destrucción completa del saber psiquiátrico.

Niega de plano la existencia de trastornos mentales y aboga por la deconstrucción de la psicopatología, una disciplina fundamental para explicar y comprender el sufrimiento de los pacientes con afecciones mentales. Deconstruir la psicopatología conlleva desmantelar todo el pensamiento filosófico que ha permitido a la ciencia psicopatológica encontrar un discurso explicativo y comprensivo del sufrimiento de los pacientes.

Estas conclusiones han sido realizadas por el Dr. José Luis Carrasco, psiquiatra, Catedrático y Jefe de Servicio del Hospital Clínico San Carlos durante la conferencia titulada «Antipsiquiatría: Deconstruir la Psicopatología», pronunciada en una de las sesiones plenarias del Congreso Nacional de Psiquiatría que se ha celebrado recientemente en San Sebastián. En la conferencia se abordó cómo esta nueva corriente no solo pretende eliminar la Psiquiatría médica, sino que busca desmantelar el marco científico que sustenta la psicopatología.

Durante su intervención, el Dr. José Luis Carrasco ha advertido de los riesgos de seguir esta tendencia, subrayando la importancia de defender la ciencia como el único camino para ofrecer una atención médica adecuada y comprensiva a las personas que sufren enfermedades mentales.

«La nueva antipsiquiatría no se conforma con reformar la psiquiatría, sino que aspira a destruirla completamente», ha afirmado Carrasco. En su intervención, ha explicado que esta corriente filosófica no solo niega la existencia de los trastornos mentales, sino que también «pretende deconstruir todo el saber previo que ha permitido a la psicopatología ofrecer un discurso explicativo sobre el sufrimiento psíquico».

El Dr. Carrasco ha alertado sobre los riesgos de seguir este camino. Según ha señalado, sin la psicopatología, “los pacientes quedan desprotegidos ante posturas anticientíficas e ideológicas que trivializan sus problemas”. «Sin la psicopatología», ha comentado, «el paciente queda desnudo ante enfoques que minimizan su sufrimiento: el suicidio es visto como un problema de falta de viviendas, la depresión se cura uniéndose a un sindicato, y al paciente que delira hay que aceptarlo y dejarlo en su delirio sin intervención médica». Para el Dr. Carrasco, este tipo de planteamientos no solo ignoran el sufrimiento humano, sino que ponen en grave riesgo la atención médica de los pacientes al alejarlos de tratamientos basados en la ciencia.

Origen de la antipsiquiatría 

Asimismo, ha destacado que esta nueva antipsiquiatría tiene su origen en un movimiento filosófico de «deconstrucción» o «destrucción» de todo el conocimiento previo, que se caracteriza por el desdén hacia la ciencia y el desafío a cualquier tipo de orden, incluso el orden natural. «Este contexto es propicio para la llegada de oportunistas y demagogos a la Medicina», ha advertido, señalando que esta tendencia puede hacer que los pacientes queden a merced de soluciones simplistas y peligrosas, alejadas de los tratamientos basados en evidencia científica.

La amenaza de la antipsiquiatría

El Dr. Carrasco también ha explicado cómo esta corriente antipsiquiátrica difiere de la antiPsiquiatría clásica, que en su momento buscaba mejorar las condiciones institucionales de los pacientes y ofrecer una crítica al enfoque biologicista. «La antipsiquiatría actual», ha dicho, «no solo ignora los avances logrados en el campo de la Psiquiatría, sino que pretende destruir por completo todo el saber psiquiátrico previo, desmantelando los fundamentos de la psicopatología».

En sus conclusiones, el Dr. Carrasco ha advertido de las graves consecuencias que podría tener este movimiento filosófico para la salud mental de los pacientes. «Esta corriente, bajo el pretexto de la deconstrucción y la ideología, destruye los pilares que sustentan la Psiquiatría y deja a las personas en una situación de vulnerabilidad extrema», ha dicho. «La Psiquiatría es una disciplina que, a través de la psicopatología, ha permitido comprender el sufrimiento psíquico de los pacientes. Si permitimos que este movimiento deconstruya el saber psiquiátrico, estamos poniendo en grave peligro la atención médica de los más vulnerables», ha concluido Carrasco.

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Advierten sobre las dificultades éticas y prácticas de aplicar la eutanasia en pacientes con trastorno mental

Advierten sobre las dificultades éticas y prácticas de aplicar la eutanasia en pacientes con trastorno mental 1359 903 Docor Comunicación

En el Congreso Nacional de Psiquiatría, celebrado en Donostia-San Sebastián, la Dra. Blanca Morera, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría Legal, ha liderado un importante debate sobre la aplicación de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE) 3/2021 en personas con trastorno mental. En este foro, los psiquiatras han puesto de manifiesto las dificultades éticas y prácticas de aplicar la eutanasia en pacientes con trastorno mental y se ha debatido en profundidad sobre estas cuestiones.

La Dra. Blanca Morera ha explicado que “en nuestro país la aplicación de la Ley Orgánica de Regulación de Eutanasia 3/2021 de 24 de marzo arrancó en el segundo semestre del año, a medida que se configuraron las diferentes Comisiones de Garantías y Evaluación de la Eutanasia que debían verificar los casos”. Ha señalado que “nuestra norma en ningún momento contempla un trato diferenciado para las personas con trastorno mental, ni ningún otro grupo de pacientes, sino que optó por un sistema de criterios (mayoría de edad, contexto eutanásico, capacidad, etc.) para dar o no acceso a la prestación”.

Ha comparado la situación internacional explicando que “esta no es una situación homogénea en los países que han regulado la posibilidad de solicitar intervenciones sanitarias para terminar la vida; algunos países como EEUU (no todos los estados, 17 de ellos) han regulado únicamente el suicidio asistido y únicamente en personas en final de vida (proceso terminal), otros países como Países Bajos han regulado tanto la eutanasia como el suicidio asistido y no excluye ningún colectivo de pacientes y, finalmente, países como Canadá han planteado una demora en la aplicación de la ayuda médica para morir (MAID) en el caso de las personas con trastorno mental. En definitiva, la situación internacional es muy diferente”.

En cuanto a la situación en España, ha explicado que “la polémica, que ya había generado reflexiones y posicionamientos públicos (como el de la Sociedad Española de Psiquiatría o la Comisión de Comités de Ética Asistencial de Euskadi), se generaliza tras la sentencia del Tribunal Constitucional 19/2023 de 22 de marzo en respuesta al recurso de inconstitucionalidad contra la LORE presentado por VOX”. Ha añadido que “en dicha sentencia se recogen afirmaciones que para algunos sugieren la improcedencia de la aplicación de esta norma en personas con trastorno mental, mientras que para otros no es así”.

Un caso reciente en Catalunya, ha explicado, “en el que el padre de la solicitante ha conseguido parar el proceso por vía judicial, ha terminado de poner sobre la mesa las preguntas fundamentales: ¿Cabe aplicar la prestación en personas con trastorno mental por dicho trastorno? ¿Se deberían modificar procedimientos para aumentar las garantías? ¿Cuáles son los problemas en este colectivo de personas que pueden dificultar la aplicación de la norma o que deberían limitar su aplicación?”.

La Dra. Blanca Morera ha destacado que “el tema es muy relevante porque supone, de entrada, plantearse si es posible excluir un colectivo de la aplicación de una ley orgánica. Esta discriminación debería justificarse. Toca a los juristas analizar lo que esto supone”.

Ley y psiquiatría

Desde su perspectiva como psiquiatra en ejercicio y miembro de la CGyEE de Euskadi, ha señalado que “el desafío que una persona con un trastorno mental plantea a la aplicación de la norma tiene que ver con otros elementos”.

El primero de ellos, ha explicado, “tiene que ver con el requisito de capacidad y las garantías de voluntariedad, de forma que se pueda garantizar que se trate de una petición autónoma de una persona competente”. Ha advertido que “citar este problema es un arma de doble filo: por una parte, negar cómo las enfermedades psiquiátricas más graves afectan al psiquismo de algunas personas y, en algunas ocasiones, la capacidad para tomar algunas decisiones, sería negar la evidencia de la práctica cotidiana.

Por otra parte, no presuponer la capacidad supondría un ejercicio de paternalismo rechazable”. En su opinión, “toca establecer cómo realizar esta valoración, pero no sólo en las personas con TM”.

El segundo elemento, ha señalado, “tiene que ver con el requisito, en el contexto de no-terminalidad, de acreditar que el trastorno es incurable, que no cabe hacer nada más, que esta persona concreta no va a mejorar.

En muchas enfermedades y trastornos, también en psiquiatría, este no es un tema fácil, más aún cuando los sistemas públicos no siempre dan acceso cumplido a tratamientos probados (pensemos en la psicoterapia en los trastornos graves de personalidad). Como un psiquiatra puede tratar con un paciente la abstención terapéutica, cuando puede decir ‘hasta aquí llego’ y cómo esto afecta al vínculo, no es fácil de determinar en una profesión que ‘pelea’ intentos de mejora casi hasta el infinito y más allá”.

Ha destacado, además, “un tercer elemento delicadísimo: la relación entre trastorno mental y suicidio, que incuestionablemente nos lleva a la pregunta acerca de si la petición de ayuda para morir en una persona con TM no es un suicidio encubierto e institucionalizado, una petición de ayuda”. Ha añadido que, “en un momento en que toda la sociedad lucha contra lo que se considera casi una plaga, y dado que nuestros pacientes son los que más llegan a esa situación límite, ¿cómo articulamos el mensaje de prevenir el suicidio y ayudar a morir?”.

Finalmente, ha añadido que “entendiendo que estamos resumiendo mucho una cuestión muy compleja, ¿cómo considerar los determinantes externos de esta decisión? ¿Cómo trabajar con la vulnerabilidad estructural (el estigma, la marginalización, el deterioro global) que puede llevar a una petición de ayuda para morir?”.

Ha concluido afirmando que “parece evidente que desde la no discriminación se requieren estrategias específicas de abordaje y evaluación. Los procedimientos actuales pueden no ser suficientemente flexibles y tienen problemas de aplicación. De todo esto hay que hablar”.

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No hay evidencia suficiente para avalar el uso de cannabinoides en el tratamiento de trastornos mentales

No hay evidencia suficiente para avalar el uso de cannabinoides en el tratamiento de trastornos mentales 1359 903 Docor Comunicación

Sigue habiendo evidencia insuficiente para avalar el uso de cannabinoides para el tratamiento de trastornos mentales dentro de un marco regulatorio. Un metanálisis publicado en Lancet Psychiatry (Black N, Stockings E, Campbell G, Tran LT, Zagic D, Hall WD, et al. Cannabinoids for the treatment of mental disorders and symptoms of mental disorders: a systematic review and meta-analysis. Lancet Psychiatry. 2019; 6:995-1010) ha demostrado que aún es limitada la evidencia científica disponible sobre el uso de cannabinoides para mejorar los trastornos mentales como la depresión, la ansiedad, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno por estrés postraumático (TEPT) o la psicosis”.

Esta conclusión fue presentada por el Dr. Luis F. Callado, del Departamento de Farmacología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), durante su intervención en el Congreso Nacional de Psiquiatría, celebrado en Donostia.

El Dr. Callado, quien también es miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM) y del Instituto de Investigación Sanitaria BioBizkaia, subrayó que, “aunque numerosos investigadores han publicado estudios preclínicos y clínicos que sugieren que los fitocannabionoides tienen potencial para tratar una amplia gama de afecciones clínicas, como trastornos neurológicos y mentales dolor o cáncer, aún no hay evidencia suficiente”.

“Algunos estudios han sugerido que los medicamentos a base de Δ9-tetrahidrocannabinol (THC) y cannabidiol (CBD) provocan mejoras en algunos síntomas, pero no se ha demostrado una remisión de la enfermedad». Según el metanálisis mencionado, «sigue habiendo evidencia insuficiente para avalar el uso de cannabinoides para el tratamiento de trastornos mentales dentro de un marco regulatorio».

En este contexto, el especialista explicó que la planta Cannabis sativa es un producto natural muy complejo en el que se han descrito más de 400 sustancias químicas, de las cuales aproximadamente 70 se consideran cannabinoides.

También desgranó que los componentes de esta planta han sido utilizados con fines curativos desde hace miles de años. Los dos fitocannabinoides más estudiados en el contexto terapéutico han sido el THC y el CBD.

Subcomisión dentro de la Comisión de Sanidad y Consumo 

Para entender la situación actual, según el marco regulatorio, el Dr. Callado recordó que se creó en el Congreso de los Diputados una subcomisión dentro de la Comisión de Sanidad y Consumo con el objetivo de analizar experiencias de regulación del cannabis medicinal.

“El informe que se creó de esta subcomisión recomienda al Ministerio de Sanidad facilitar el acceso a medicamentos a base de cannabis en forma de fórmulas magistrales elaboradas a partir de extractos estandarizados de la planta, siempre garantizando su calidad, seguridad y eficacia”, afirmó el Dr. Callado.

“Actualmente, el acceso a medicamentos que contienen componentes del cannabis se limita a aquellos de fabricación autorizada, como Sativex y Epidyolex. El uso de otros medicamentos o compuestos a base de cannabis solo puede hacerse en el marco de ensayos clínicos o por el procedimiento de medicamentos en situaciones especiales”, añadió.

Aunque algunos estudios han sugerido que los cannabinoides pueden tener potencial terapéutico en una amplia gama de afecciones clínicas, como trastornos neurológicos y mentales, el Dr. Callado insistió “en que la evidencia científica disponible es todavía limitada, especialmente en el campo de la salud mental”.

De esta forma, expuso que el metanálisis publicado en Lancet Psychiatry concluye que la calidad de la evidencia disponible es baja, en particular respecto a los efectos del THC farmacéutico (con o sin CBD) en la mejora de síntomas de ansiedad en personas con otras afecciones médicas.

Más estudios

«Se necesitan más estudios de alta calidad, con un número mayor de pacientes, para proporcionar la evidencia sólida necesaria que guíe la práctica clínica», afirmó el Dr. Callado. Además, subrayó “la necesidad de que tanto los médicos como los pacientes adopten un enfoque cauteloso en este ámbito”.

Finalmente, el especialista subrayó que los futuros estudios sobre cannabinoides “deben realizarse mediante ensayos clínicos aleatorizados con un número elevado de pacientes y comparando los cannabinoides con los fármacos actualmente disponibles, para obtener conclusiones más sólidas y claras sobre su eficacia”.

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En España por cada muerte en un accidente de tráfico, mueren dos personas por suicidio

En España por cada muerte en un accidente de tráfico, mueren dos personas por suicidio 1359 903 Docor Comunicación

En España, se producen cada año aproximadamente 80.000 tentativas de suicidio, una cifra alarmante que refleja la magnitud de esta tragedia y la urgente necesidad de mejorar las estrategias de prevención, según ha declarado el Dr. Víctor Pérez Sola, presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM).

Compara, además, el suicidio con otras causas de fallecimiento prevenibles, destacando que por cada muerte en un accidente de tráfico, mueren dos personas por suicidio; por cada asesinato, se quitan la vida 15 personas; y por cada mujer que fallece a causa de la violencia de género, 75 personas mueren por suicidio.

“Estas cifras deben motivar una respuesta inmediata y más visible en la sociedad”, puntualiza el Dr. Pérez Sola, quién destaca que “estas comparaciones entre causas de muerte prevenibles buscan mostrar la magnitud del problema” y aclara, en este contexto, que “todas las causas de muerte prevenibles, sin importar cuáles sean, tienen la misma relevancia y deben ser abordadas con igual de importancia”.

Todas estas declaraciones han sido realizadas durante el simposio «Avances en la prevención del suicidio en España», celebrado en el marco del XXVII Congreso Nacional de Psiquiatría en Donostia-San Sebastián, por el Dr. Pérez Sola.

El especialista destacó que, “aunque en 2023 hubo una disminución del 6% en las muertes por suicidio según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), con un total de 3.952 fallecimientos, esta bajada no puede atribuirse exclusivamente a las estrategias de prevención implementadas, ya que el suicidio es un fenómeno fluctuante y lo esencial es lograr una reducción sostenida en el tiempo«.

De esta forma, el Dr. Pérez Sola subrayó “la gravedad de la situación”, afirmando que «por cada persona que fallece por suicidio, hay al menos 20 tentativas, lo que significa que miles de personas se ven afectadas directa o indirectamente».

“Una tentativa de suicidio es un acto en el que una persona intenta quitarse la vida, pero no lo logra. Es un intento consciente de autolesionarse con la intención de morir, aunque el resultado no sea fatal, describió.

Proyecto Survive

En el simposio, el Dr. Pérez Sola presentó los avances del proyecto Survive, un estudio multicéntrico financiado por el Instituto de Salud Carlos III y por el Centro de Investigación Biomédica en Red de #SaludMental (CIBERSAM), dependiente del Instituto de Salud Carlos III, que está en fase de desarrollo, que sigue a una cohorte de pacientes que han realizado tentativas de suicidio durante un año.

«El objetivo es identificar cuántos repiten la tentativa y los factores de riesgo asociados, lo que nos permitirá diseñar mejores intervenciones preventivas. Si comprendemos mejor estos factores, podremos actuar de manera más eficaz porque el factor de riesgo más relacionado con la muerte por suicidio es que alguien lo haya intentado previamente», añadió.

El presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM) indicó que este estudio está acompañado de varios ensayos clínicos, como el trabajo dirigido por la Dra. Matilde Elices, quien ha realizado un estudio con 300 pacientes que han intentado suicidarse.

«La mitad de estos pacientes ha recibido terapia dialéctica conductual (DBT) en modalidad online, mientras que la otra mitad ha seguido el tratamiento convencional», explicó el especialista. El objetivo de este ensayo es evaluar si la intervención online reduce la repetición de las conductas suicidas.

Por su parte, el Dr. Perez Sola puso de relieve que la Dra. Iria Grande, también parte de Survive, centra su investigación en la identificación de biomarcadores, incluyendo datos de neuroimagen, que permitan predecir con mayor precisión quiénes tienen más riesgo de repetir la tentativa de suicidio.

Según el Dr Perez Sola «esta investigación podría abrir una nueva vía en la prevención para ayudarnos a identificar de manera más precisa a los pacientes de alto riesgo».

El Dr. Enrique Baca, otro de los investigadores involucrados en el proyecto, trabaja en el desarrollo de tecnologías móviles para monitorizar de manera continua a los pacientes en riesgo de suicidio.

«A través de la recopilación de datos activa y pasiva mediante los teléfonos móviles, podremos detectar cuándo un paciente presenta un aumento en el riesgo y actuar de manera inmediata», explicó el Dr. Pérez Sola. «En algunos casos, estas tecnologías permiten intervenir mediante llamadas o recomendaciones cuando se detecta un riesgo elevado», añadió.

En este sentido, el Dr. Pérez Sola subrayó la importancia de estas estrategias de baja intensidad, como las terapias online o la monitorización mediante teléfonos móviles, ya que «permiten intervenir sin la necesidad de un seguimiento intensivo, algo que sería imposible de ofrecer a todos los pacientes», afirmó. Este enfoque, señaló, “es crucial para hacer frente al enorme volumen de personas que se encuentran en riesgo”.

Finalmente, el presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM) hizo hincapié en que, “aunque la tasa de suicidios en España es de 8 por cada 100.000 habitantes, una cifra relativamente baja en comparación con otros países europeos como Dinamarca o Hungría, esto no reduce la urgencia del problema».

“Países con tasas mucho más elevadas, como Dinamarca, han logrado reducirlas tras décadas de intervención intensiva. En España, partimos de una tasa más baja, pero el reto es igualmente enorme.

Cada suicidio es una tragedia, y no podemos permitir que siga ocurriendo. Las Comunidades y el Ministerio de Sanidad, así como desde la parte clínica-asistencial debemos seguir trabajando en acciones de prevención y poner sobre la mesa todos los recursos posibles”, concluyó.

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