El ejercicio físico se ha consolidado tras la pandemia como una herramienta indispensable no solo para la mejora del rendimiento deportivo, sino como el pilar fundamental de la salud integral y la prevención de enfermedades. La experiencia acumulada durante más de dos décadas por profesionales de la industria del fitness evidencia las luces y sombras de un sector en pleno auge, la barrera del abandono temprano en los centros deportivos y la necesidad ética de prescribir entrenamiento estructurado con rigor científico.
Del mito de la estética a la verdadera dimensión biológica
Pese a que la sociedad actual muestra una mayor concienciación respecto al cuidado personal, aún persiste una visión distorsionada sobre la finalidad real del entrenamiento. Históricamente vinculado a la estética y a la construcción de la imagen corporal, los expertos señalan que el ejercicio físico posee un potencial biológico infinitamente superior al meramente visual.
Cuando el músculo se contrae, libera sustancias químicas que actúan no solo a nivel local, sino en órganos y sistemas distantes. En palabras del director técnico Eduardo Bollegui, el ejercicio físico es la llave que abre una farmacia interna que todos llevamos dentro, respaldando la postura de diversos investigadores médicos que definen el entrenamiento guiado como una auténtica polipíldora. Dado que los beneficios fisiológicos se desencadenan desde la primera sesión, resulta prioritario educar a la población para desvincular el entrenamiento de una lógica de castigo o compensación calórica.
El reto de la adherencia y la regla de los tres meses
Uno de los mayores desafíos que afronta la industria del fitness es la alta tasa de deserción entre quienes deciden comenzar una rutina deportiva. En el sector se utiliza la métrica crítica de los primeros 90 días: de cada 100 personas que inician una actividad a principios de año, apenas entre el 30% y el 40% mantiene la constancia transcurrido el primer trimestre.
Superar la barrera del abandono requiere identificar los obstáculos ideológicos, psicológicos y físicos que frenan a los usuarios. Las malas experiencias previas, la falta de una prescripción individualizada y la percepción errónea de que el gimnasio es un entorno intimidante alejan a miles de personas. En un centro deportivo se encuentra una muestra real de la sociedad con vecinos, compañeros de trabajo y personas de todas las edades. Por ello, es esencial desmontar prejuicios para que el ejercicio físico genere una verdadera adherencia y se disfrute como un hábito de vida sostenible.
Desafíos del sector y la atención a colectivos vulnerables
Dentro del ámbito del acondicionamiento físico se identifican dos grandes áreas con severas deficiencias: la atención al colectivo de la tercera edad y la desinformación en plataformas digitales.
Por un lado, las personas mayores representan un grupo frecuentemente olvidado por una industria orientada predominantemente al público joven. A partir de los 60 o 70 años, la pérdida acelerada de masa muscular y funcionalidad convierte el entrenamiento de fuerza en una necesidad vital. Sin embargo, la oferta de espacios adaptados donde este grupo de edad se sienta cómodo continúa siendo escasa.
Por otro lado, el impacto de las redes sociales representa una amenaza para los más jóvenes cuando abandonan el deporte reglamentado para acogerse a referentes irreales. La proliferación de físicos moldeados mediante sustancias dopantes distorsiona el propósito primario del entrenamiento y pone en peligro la salud.
Ejercicio adaptado en oncología y trabajo multidisciplinar
En el campo de la prescripción adaptada a personas en tratamiento contra el cáncer, el ejercicio físico demuestra una capacidad clave para que los pacientes toleren mejor las terapias oncológicas y mitiguen los efectos secundarios derivados de la enfermedad.
Por esta razón, cobra fuerza la propuesta de implantar unidades de entrenamiento en los propios centros sanitarios y constituir equipos multidisciplinares integrados por médicos, personal de enfermería, fisioterapeutas, nutricionistas, psicólogos y educadores físico-deportivos con el objetivo común de mejorar la calidad de vida de las personas.