Logopedas advierten de que las primeras semanas de clase empiezan a revelar posibles dificultades de aprendizaje

Logopedas advierten de que las primeras semanas de clase empiezan a revelar posibles dificultades de aprendizaje

Logopedas advierten de que las primeras semanas de clase empiezan a revelar posibles dificultades de aprendizaje 1019 677 Docor Comunicación

Familias y profesorado pueden empezar a detectar durante las primeras semanas de clase posibles dificultades de aprendizaje en niños y niñas. Así lo ha advertido Unai Pequeño, logopeda y secretario del Consejo General de Colegios de Logopedas, quien ha señalado como ejemplos una lectura muy lenta o inexacta, una ortografía inestable, problemas de cálculo o el bloqueo ante los deberes. “Estas señales deben preocupar especialmente cuando persisten en el tiempo y el menor progresa con mucha más dificultad de la esperable pese a haber recibido una enseñanza adecuada”, afirma.

Pequeño ha recordado que “el logopeda interviene en la prevención, detección, evaluación, diagnóstico e intervención de estas dificultades, además de asesorar a familias y docentes”. En este contexto, ha defendido “una mayor presencia de profesionales titulados y colegiados en Infantil y Primaria”.

Según explica Pequeño, “las señales cambian además con la edad y con el momento del aprendizaje”. El portavoz del Consejo General de Colegios de Logopedas, en este sentido, ha advertido que “las primeras semanas de clase empiezan a revelar posibles dificultades de aprendizaje” y destaca estos principales indicadores para detectarlos:

Antes de Primaria: retraso o alteraciones persistentes del vocabulario, la gramática, la comprensión o la narración; dificultades de los sonidos del habla; escasa sensibilidad a rimas, sílabas y fonemas; problemas para aprender nombres y sonidos de las letras; denominación muy lenta de colores, objetos, números o letras conocidos; antecedentes familiares de dislexia, trastorno del lenguaje o dificultades escolares persistentes, y problemas tempranos para comparar cantidades, aprender la secuencia numérica o relacionar números y cantidades.

Al comenzar Primaria: lectura de palabras o pseudopalabras lenta, laboriosa e inexacta; poco progreso en la asociación entre grafemas y fonemas, la ortografía o la automatización de palabras; comprensión lectora inferior a la oral; escritura muy lenta y dificultades para planificar y revisar textos; errores duraderos en conteo, magnitud, valor posicional, hechos aritméticos, cálculo o resolución de problemas, y necesidad de mucha más repetición y tiempo, con poca transferencia a tareas nuevas.

A estas manifestaciones, señala Pequeño, “se suman otras que muestran cómo la dificultad empieza a afectar a la vida cotidiana”. «Nos debe llamar la atención que evite leer o escribir, se bloquee ante los deberes, tarde mucho más de lo razonable, dependa continuamente de un adulto o empiece a decir que no sabe o que no puede», ha explicado Pequeño.

¿CUÁNDO CONSULTAR DIFICULTADES DE APRENDIZAJE?

“Familias y profesorado deberían consultar cuando las dificultades persisten durante varios meses, aumenta la distancia respecto a lo esperado para la edad, afectan a varios ámbitos o apenas hay progreso pese a un apoyo específico, intenso y supervisado. También deben vigilarse la ansiedad anticipatoria, las quejas físicas antes de ir al colegio, el aislamiento, la pérdida de autoestima o cambios marcados de conducta”, ha advertido el secretario del Consejo General de Colegios de Logopedas.

En esta línea, el logopeda aclara que “estos signos no confirman un trastorno, pero indican que la situación está afectando al bienestar. La pérdida de habilidades ya adquiridas, un cambio brusco, cefaleas intensas, alteraciones neurológicas o la sospecha de pérdida auditiva o visual requieren, en cambio, una valoración sanitaria rápida”.

DIFERENCIAS ENTRE TRASTORNOS

El portavoz del Consejo General de Colegios de Logopedas explica que la Organización Mundial de la Salud incluye el trastorno del aprendizaje del desarrollo entre los trastornos del neurodesarrollo y diferencia alteraciones de la lectura, la expresión escrita y las matemáticas. En España se utilizan habitualmente términos como dislexia y discalculia; en escritura, conviene precisar si la dificultad afecta a la ortografía y composición lingüística, al trazado motor o a ambos componentes.

“También es necesario diferenciar los trastornos del aprendizaje del trastorno del desarrollo del lenguaje. No son lo mismo, aunque pueden coexistir y relacionarse con dificultades de comprensión lectora y escritura. Un estudio poblacional estimó para este último una prevalencia del 7,6 % al inicio de la escolarización. Algunos niños pueden hablar con aparente fluidez y, sin embargo, presentar problemas para comprender, construir frases u organizar una narración”, ha explicado.

DISTINGUIR UNA SEÑAL DE ALERTA

Pequeño ha insistido asimismo en “distinguir una señal de alerta, un factor de riesgo, un cribado y un diagnóstico”. “Una señal indica que existe una dificultad que merece observación; un factor de riesgo aumenta la probabilidad y justifica seguimiento; y un cribado selecciona a quienes pueden necesitar una evaluación o apoyo preventivo”. “Ninguno confirma por sí solo un trastorno. El diagnóstico debe integrar persistencia, gravedad, impacto y diagnóstico diferencial y valorar también factores como una enseñanza insuficiente, escolarización irregular, dominio limitado de la lengua de instrucción, problemas sensoriales no corregidos, discapacidad intelectual u otras condiciones”, indica.

«No hace falta esperar a que exista un diagnóstico definitivo ni a que el fracaso sea evidente para empezar a ayudar«, ha enfatizado. “La detección temprana permite iniciar apoyos explícitos y sistemáticos, observar la respuesta y ajustar su intensidad. Una intervención temprana no hace desaparecer necesariamente una condición del neurodesarrollo, pero puede mejorar las habilidades afectadas y reducir sus consecuencias académicas, funcionales y emocionales”, ha desgranado.

MÁS LOGOPEDAS EN EL SISTEMA EDUCATIVO

Pequeño ha explicado que el logopeda puede intervenir en la prevención, detección, evaluación, diagnóstico e intervención de estas dificultades de aprendizaje, además de asesorar a familias y docentes y participar en programas y protocolos de detección. La valoración debe combinar distintas pruebas con la observación, la evolución del alumno, la enseñanza recibida, los apoyos previos y su contexto lingüístico. “A partir de ahí, deben establecerse objetivos individualizados, con seguimiento y coordinación con la familia, el profesorado, la orientación educativa y, cuando sea necesario, otros profesionales”, ha descrito.

En este contexto, el secretario del Consejo General de Colegios de Logopedas ha defendido “una mayor presencia de logopedas titulados y colegiados en el sistema educativo, especialmente en Infantil y Primaria, así como una mejor coordinación entre educación y sanidad”. También ha reclamado “un acceso público según las necesidades de cada alumno, evaluaciones e intervenciones basadas en la evidencia y la continuidad de los apoyos en Secundaria cuando las dificultades sigan teniendo impacto”. “Todo ello, ha añadido, debe realizarse respetando el bilingüismo y la diversidad lingüística”, ha agregado.

LA DISLEXIA NO SE DEBE A UNA FALTA DE INTELIGENCIA

Pequeño ha recordado además que «la dislexia no se debe a una falta de inteligencia, a la pereza, a un problema visual ni al hecho de crecer con dos lenguas». “Tampoco existe una prueba única ni un tratamiento válido para todos, por lo que la intervención debe adaptarse al perfil de cada alumno. Las adaptaciones, como disponer de más tiempo o utilizar formatos alternativos, pueden ayudar, pero deben acompañarse del trabajo específico sobre las habilidades afectadas”, ha indicado.

«Nuestro objetivo no debería limitarse a que el alumno cometa menos errores, sino favorecer su participación, autonomía y una percepción ajustada de sus capacidades”, ha concluido Pequeño.

 

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