Se estima que entre el 50% y el 75% de los niños y niñas con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) presentan trastornos del sueño en niños con TDAH, lo que multiplica por cinco la incidencia de estos problemas en la población neurotípica.
De hecho, como explica la doctora Milagros Merino, neurofisióloga clínica y miembro del grupo de trabajo de Pediatría de la Sociedad Española de Sueño (SES), el descanso “suele ser un motivo habitual y precoz” de consulta médica por parte de los progenitores, ya que los menores comienzan a manifestar dificultades “mucho antes del diagnóstico o la aparición de los síntomas de TDAH”.
Entre los trastornos del sueño en niños con TDAH más habituales, señala la experta, destacan:
Dificultades para conciliar el sueño: Asociadas o no a un trastorno del ritmo circadiano (síndrome de retraso de la fase del sueño), que afectan a hasta un 70% de los menores.
Ronquido y apneas del sueño: Presentes en un tercio de estos pacientes.
Síndrome de piernas inquietas: Hasta un 20% refieren síntomas sugestivos (diez veces más que en la población neurotípica).
Fragmentación del sueño: Se observa en la mitad de los casos pediátricos.
“Los niños con TDAH tienen una inquietud que dura 24 horas: están inquietos durante el día y su sueño nocturno es muy agitado, con cambios posturales frecuentes y sacudidas en las extremidades”, señala la doctora. Afortunadamente, destaca que en casos como el Síndrome de piernas inquietas, el Trastorno por sueño inquieto y el Trastorno por movimientos periódicos en las extremidades, el origen más frecuente suele ser la deficiencia de hierro, por lo que el descanso puede mejorar al instaurar un tratamiento oral durante unos meses para incrementar los depósitos de este mineral.
Impacto directo sobre los síntomas del TDAH
Como explica Milagros Merino, la relación entre la falta de descanso y el TDAH es bidireccional, de forma que la primera tiene consecuencias directas sobre las funciones cognitivas (déficit de atención) y la conducta diurna (impulsividad, inquietud) de los niños y niñas, ya que la corteza prefrontal —que actúa como un freno— es la estructura cerebral metabólicamente más sensible a la falta de sueño.
“A diferencia del adulto, que ante la privación de sueño responde con somnolencia, el sistema nervioso central del niño, aún en desarrollo, reacciona mediante mecanismos de compensación conductual (hiperactivación paradójica). Es decir, ‘lucha contra el sueño’ para no dormirse. Esto provoca que los niños que no duermen bien estén aparentemente ‘desinhibidos’, inquietos, irritables, con tendencia a las rabietas, porque carecen de ese freno”, detalla.
De hecho, añade la portavoz de la SES, estos mismos síntomas (inquietud, irritabilidad, inatención) son habituales en los menores sin TDAH que no duermen bien, por lo que resulta conveniente descartar un trastorno del sueño en todo paciente pediátrico que acuda a consulta con este cuadro para evitar medicaciones innecesarias:
“Una clave para saber cuál es el problema primario, si el TDAH o el trastorno de sueño, es preguntarnos cómo se despierta el niño por la mañana: los niños con TDAH se despiertan activos, dinámicos, ‘se comen el mundo’; por el contrario, los niños inquietos y/o inatentos a causa del mal sueño se despiertan con dificultad, ya cansados, aunque mejoran los fines de semana”.
Tratamiento personalizado y pautas de higiene del sueño
Hoy en día existen tratamientos para mejorar el descanso en la etapa pediátrica; sin embargo, como sostiene Milagros Merino, la clave de la eficacia radica siempre en realizar una buena historia médica para personalizar el abordaje.
“No se debe proponer un tratamiento tipo ‘café para todos’, sino que debe individualizarse en función del trastorno de sueño y del paciente”, afirma. Como ejemplo, destaca que el insomnio de conciliación mejora frecuentemente con la supresión del uso de pantallas al final del día y melatonina ajustada a su hora circadiana, mientras que ante presencia de ronquido, apneas e hipertrofia amigdalar, es el especialista en otorrinolaringología quien tiene la clave.
En todo caso, la portavoz de la SES considera “imprescindible” implantar una correcta higiene del sueño. Entre las principales pautas recomendadas destacan:
Eliminar pantallas (móviles, tablets, televisión, videojuegos) al menos dos horas antes de acostarse.
Promover la oscuridad total durante la noche.
Exposición a la luz solar natural nada más levantarse (durante 15 o 20 minutos).
Mantener horarios estables para acostarse y despertarse.
Fomentar la actividad física moderada o intensa durante el día para aumentar la presión homeostática del sueño.
Evitar siestas prolongadas y más allá de las 16:00 horas en niños mayores de cinco años.